24 de mayo de 2017

QUE ERES MADRE, YO LO SUPE DESDE NIÑO

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Lector 1:
La vida es tan rápida... Cada cosa, cada imagen, cada palabra, es fugaz, presente, efímera. La moda cambia. Las imágenes se van. Hoy se vende una cosa, y mañana otra. Hoy es actual un personaje que mañana está en el olvido. Por eso es muy importante para cada uno saber qué permanece en su vida: quiénes son tus gentes, esos nombres que da igual dónde estés, sabes que son parte de ti. Esas personas con quienes te unen vínculos fuertes. Y es importante no olvidar los caminos recorridos; los momentos en los que has sido feliz, sin trabas, sin nubes en el horizonte, los momentos en que has reído con ganas, con franqueza; y los momentos en los que has llorado, por las cosas que te importaban; es importante aprender de los errores que has cometido, y si has hecho daño a alguien. Las heridas que has infringido y las que te han marcado a ti. Todo eso es parte de ti. 
Lector 2:
Dedica un rato tranquilo a recordar o a formular cuál es tu equipaje, tus gentes, tus rostros, tus historias... 
Y da las gracias a Dios por todas las cosas buenas que han formado parte de tu vida.
Y detente con calma en los errores, en lo que has hecho mal, si has causado daño... 
Y pide perdón no con culpabilidad, sino entendiendo que en la vida hay que ir aprendiendo despacio.
(tiempo de reflexión y silencio)
CANTAMOS TODOS:
Lector 3:
Acabamos de cantar: “que eres madre yo lo supe desde niño …”  
¿Forma parte de tu equipaje, la devoción a María?  ¿Das gracias a Dios porque sientes que te protege?
¿Qué otros valores vives en el colegio que consideras deben formar siempre parte de tu equipaje?
Reza por tu colegio, por las personas que hacen posible que cada día este abra la puerta? ¿pídele a Dios por Él? Pídele a María, Divina Pastora que crezca su identidad en cada uno de nosotros? 
(tiempo de reflexión y silencio)
Recitamos juntos:
Divina Pastora, Madre mía,
yo hija/o  tuya/o me ofrezco a tí
y te consagro para siempre
todo lo que me queda de vida.
Mi cuerpo con todas sus miserias,
mi alma con todas sus flaquezas,
mi corazón con todos sus afectos y deseos.

Todas mis oraciones, trabajos, amores,
sufrimientos y combates;
en especial mi muerte con todo lo que le acompañe,
mis últimos dolores y mi última agonía.

Madre, acuérdate de esta/e  tu hija/o
y de la consagración que te hace.

Y si yo, vencida/o por el desaliento y la tristeza,
llegara alguna vez a olvidarme de tí,
te pido por el amor que tienes a Jesús
me protejas como hija/o tuya/o
hasta que esté contigo en el cielo. Amén