21 de noviembre de 2017

MADRE DE DIOS

No nome do Pai, do Fillo e do Espíritu Santo. Amén
Lector 1
Hoy celebra la Iglesia una fiesta de María, "la presentación de la Virgen". En María, los cristianos encontramos consuelo y ánimo en el camino de la vida. Es modelo de fe para nosotros, y muchas personas nos dirigimos a Ella con cariño. Una de estas personas que lo hizo así fue San José de Calasanz.

Lector 2
José de Calasanz sintió un gran amor por la Madre del Cielo a ella le compuso la oración que escuchamos y rezamos a continuación: 

“A tu amparo y protección, Madre de Dios acudimos.
 No desprecies nuestros ruegos y de todos los peligros, 
Virgen gloriosa y bendita, 
defiende siempre a tus hijos”


Lector 1
Cuando José de Calasanz funda su
congregación religiosa; la Orden religiosa que va a extender su mensaje por todo el mundo hasta nuestros días, lo hace con el nombre de "Clérigos Regulares Pobres de la
Madre de Dios de las Escuelas Pías", por la devoción que siente por la madre del cielo, quiere perpetuar su obra uniendo su nombre al de la Virgen María.
Así en una carta que escribe a uno de sus Hermanos colaboradores le dice:  
“... procure imprimir en todos los alumnos la devoción a la Santísima Virgen, adquiriéndola antes usted. Que experimentará grandes efectos, particularmente en los momentos de tentación”. 
En la carta con el número 1049 de su epistolario a otro religioso, escribe:
“Vuelva a rezar el Rosario según nuestra primera costumbre: en primer lugar, por la santa Iglesia, y luego por las necesidades de nuestra religión”. 
Y en la carta 1459:
“Hagan todas las tardes alguna devoción a la Virgen Santísima, con una Salve y un A tu amparo y protección, para que con su intercesión nos libre a todos de las malas adversidades”.
Lector 2
La devoción a María, nuestra Madre del cielo en nuestro colegio la llevamos dentro desde pequeños; una de nuestras primeras oraciones que recitamos es el Ave María.
Nosotros hoy siguiendo a Calasanz que nos insiste a que todos los días tengamos un recuerdo para Ella,  le recitamos juntos:
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.
A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva;  
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. 
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.