11 de febrero de 2018

Santa María, Ruega por nosotros

Celebra hoy la Iglesia a la Virgen; a nuestra Madre del cielo bajo la advocación de Lourdes.

Lector 1. Decir Lourdes para los cristianos es trasladarnos con la mente a una presencia de sufrientes buscando la protección de la Madre. Por eso en este día se celebra la Jornada Mundial del Enfermo.
El Papa Francisco para esta Jornada de  2014 nos dice:
La Iglesia reconoce en los enfermos “una presencia especial de Cristo sufriente”.
Lector 2. Es un mensaje que contiene dentro de sí la esperanza “porque en el plan de amor de Dios, incluso en la noche del dolor se abre la luz de la Pascua “, y de coraje “para hacer frente a cualquier adversidad en su compañía, unidos a él”.
Todos. Acercándonos con ternura “a aquellos que están necesitados de atención -
continúa el Papa- llevamos la esperanza y la sonrisa de Dios en las contradicciones del mundo”. Una generosa entrega a los demás que se convierte en el estilo de nuestras acciones. 
Lector 1.  María es el modelo cristiano “para crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y delicada”. “La Santísima Virgen, madre de los enfermos y de los que sufren, permanece “al lado de nuestras cruces y nos acompaña en el camino hacia la resurrección y la vida plena. “
Lector 2. Por último, el Papa Francisco exhorta a vivir esta Jornada Mundial de los Enfermos “en comunión con Jesucristo” apoyando a los que cuidan de los enfermos y los que sufren.
Reflexionamos en silencio y pensamos en personas que sufren por motivos de la enfermedad. Pensamos en las personas que cuidan con ternura a los hombres que sufren. Les ponemos caras y pedimos por ellos. 
Recordamos nuestras experiencias de haber estado en Lourdes y podemos compartirla con los demás compañeros.

Pedimos a María por los enfermos a la vez que le damos gracias por ayudarnos en nuestras enfermedades rezando juntos:
 Dios te salve,
Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros,
esos tus ojos misericordiosos.
Y, después de este destierro,
muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, Oh piadosa,
Oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros,
Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos
de alcanzar las promesas
de nuestro Señor Jesucristo. Amén.