13 de enero de 2019

M. VICTORIA VALVERDE


Un recorrido por su vida


M. Victoria Valverde, nace a finales del siglo XIX en Vicálvaro (Madrid) en una familia jornaleros de profesión. Nada sabemos de su infancia, pero si conocemos que su llamada a la vida religiosa la descubre entre las Hijas  de la Caridad en el Orfanato del Asilo de San Bernardino que éstas religiosas dirigían en Alcalá de Henares ( Madrid).

Aunque desconocemos el tiempo que vivió aquí, sí conocemos el reglamento que regía la vida interna de estas niñas y jóvenes; en el artículo 6, de este reglamento, dice: “Instruyendo a las acogidas en el catecismo de la doctrina cristiana, y haciendo que se apliquen a las labores propias de su sexo, como coser, remendar, zurcir y además se le enseñará a leer, escribir y contar, reglas de urbanidad y economía doméstica para dirigir bien una casa o familia..". Podemos concluir que la formación recibida por M. Victoria en los años de su adolescencia está basada en las exigencias de la sociedad de su época y recoge el ideal educativo marcado por la ley Moyano. 

No conocemos su expediente académico pero por lo que nos dicen los informes que se conservan de ella en los primeros meses de entrar en la congregación podemos concluir, que en esta primera etapa de su vida aprovechó el tiempo y asentó en ella la formación recibida: 
"No tiene nada ni nadie, pero sí, excelentes manos para las artes.
Es muy exacta en el cumplimiento de sus obligaciones.
En la clase se conduce bien"

De lo que precede podemos concluir que su valor está en lo que ES; ha calado en ella el contacto y la comunicación con su Dios que la sostiene, es una mujer responsable y tiene una clara vocación de Educadora.
Su primera comunidad Religiosa es Sanlúcar de Barrameda; aquí da sus primeros pasos como Religiosa Hija de la Divina Pastora. De ésta época sabemos que una de sus primeras ocupaciones fue la preparación y formación para la misión; nos consta por las crónicas de esta comunidad que a Sevilla va a examinarse. Una vez concluida esta etapa formativa es destinada al colegio que la Congregación  tiene en Monóvar (Alicante), en donde imparte su misión de educadora desde el 5 de octubre de 1912 al 10 de agosto de 1915 que atraviesa España de Este a Noroeste para cumplir con la obediencia.
Llega a Monforte de Lemos cuando se están haciendo los preparativos para iniciar en esta población un colegio.
Es en esta población donde M. Victoria afirma y confirma su vida de entrega a Dios; hace su profesión religiosa para siempre. Promete a Dios Padre Hijo y Espíritu Santo, Pobreza, Castidad y Obediencia, según las Constituciones del Instituto, tal como dice la fórmula que ella ha pronunciado ese 17 de septiembre de 1916, en una celebración pública y solemne en la Iglesia de Nuestra Señora de la Regua. Las alumnas del colegio son testigos, participando de dicha celebración en la que expresa  su compromiso de ser fiel a Dios, y su entrega a la misión educadora. En el acta de este día queda estampado la expresión: "su veracidad y ejemplar conducta".
Está en estas tierras gallegas hasta finales de julio de 1917, que sale para Monóvar.

No va a ser Monforte el único lugar en que a M. Victoria se le confía en el Instituto iniciar los primeros pasos  de una misión. También en la ciudad de Martos (Jaén) pone las bases firmes en la implantación de un nuevo Colegio. En esta etapa se entrega a la misión educadora con el Amor como norma de vida. 
Su amor y su saber conducir  la vida no pasan desapercibidos a sus superiores que muy pronto la nombran Superiora de esta casa de Martos, en donde sabe ganar el cariño de esta población. Dice una de sus alumnas de esta época: “Tenía una manera de ser con mucha amabilidad” y otra "el amor a sus monjas era muy grande, a la gente la quería lo mismo; siempre daba consejos y hablaba de Dios”.
El día 21 de junio de 1924 toma posesión como Madre superiora del Colegio y casa Noviciado de Sanlúcar de Barrameda. Un momento muy delicado de la congregación por encontrarse ésta en una situación difícil, provocada por el fallecimiento inesperado de la M. General. Aquí permanece hasta 1931 en que vuelve  a ser trasladada  al colegio de Martos.
Estos años en Sanlúcar  están marcados por la enfermedad; tiene que abandonar este pueblo para buscar cura en Getafe. Aquí convaleciente  de su dolencia hace vida de comunidad y al ser trasladado el noviciado de Sanlúcar a Getafe pasa horas en éste, acompañando y enseñando a las novicias. Una de las novicias de entonces dice de ella que destaca su "delicadeza y bondad".
Una de sus alumnas de Sanlúcar, María Rosa Ñudi,  dice de M. Victoria: “vivaracha, dinámica, con mucha energía, valiente, seria...” valores que adquirió por su formación regia y por su vida entregada.
Aquí en Sanlúcar vive de cerca las consecuencias de las revueltas sociales y de los desprecios que se inician contra la Iglesia tras la proclamación de la segunda República.
El 13 de mayo de 1931 incendian el Convento de los PP Capuchinos y algunas Religiosas de la Comunidad de Sanlúcar dejan el colegio para refugiarse en casas de personas allegadas al mismo. M. Victoria ya manifiesta en esta ocasión la voluntad de no abandonar el Colegio. La insistencia  de algunos de los hombres cercanos a las religiosas que vigilaban durante las noches éste, consiguieron que pasara algunas de estas noches en casa de la familia Colón Delgado, situada en la c/ Regina. En esta casa, en estos días de revuelta también se resguardó el Santísimo, dice María Rosa Ñudi, testigo presencial de estos días, "Le costó mucho trabajo que saliera de la capilla el Santísimo”.  
Una hermana de la comunidad de este año dice de ella: “Para nosotras era una verdadera madre; por todas se preocupaba. Sus virtudes: muy dulce en el trato, cariñosa, recogida y silenciosa”.
De los años de su estancia definitiva en Martos conservamos algunos testimonios de alumnas que testifican en el proceso de beatificación de M. Victoria; dicen de ella: "su amabilidad la definía como mujer de fe y caridad", y una de sus hermanas de comunidad testifica: se sacrificaba siempre buscando el bien de los demás, a costa de sí misma.
Era una mujer de fe, esperanza y caridad".
M. Natividad Vázquez, Superiora General del Instituto, el día 1 de febrero de 1936 dirige una circular a todas las casas;  en ella recoge la necesidad de orar por la Iglesia, en este momento en que está perseguida, por el Instituto y por cada una de las religiosas. Dice, "nos: afirme más en la fe y en la fidelidad a nuestra vocación religiosa(...) que Dios nuestro Señor nos de su santo amor y gracia para serle fieles y nos haga dignas de padecer y sufrir por El (…) Por nuestra parte sepamos serle fieles hasta la muerte si fuésemos dignas de sufrirla por El .(...). Es en este mes de febrero cuando las Religiosas dedicadas a la enseñanza se encuentran con especiales dificultades, prescinden del hábito Religioso en las clases y en la calle. 
La sensibilidad de M. Victoria, como lo confirman algunos testigos que testifican de ella sobre su martirio, capta y la va preparando para lo que será su "Sí" definitivo al martirio. Es un "SI" aceptado desde el dolor y preparado desde la aceptación de su respuesta a la voluntad de Dios, es el si de dar la vida por el otro  - si ella huye, otra religiosa sería sacrificada-. Ella siempre dijo: "yo soy la superiora y respondo por todas" "mis hijas no han hecho nada, yo soy la responsable  de todo y la que de e sufrir lo que a ellas les quieran hacer".
La  reflexión de la circular de la que había sido su maestra de novicias seguramente le ha hecho recordar las enseñanzas  de su etapa de formación en donde más de una vez les hablara de las exigencias del seguimiento de Jesús con el mismo entusiasmo que el Padre Fundador se dirigía a ella en una carta que conservamos ¿Por qué te apuras? ¿No tienes a Dios contigo? ¿No tomaste posesión en nombre  de la Divina Pastora?"(...) "Siempre atenta a cumplir su santísima voluntad y procurar su gloria a conducir a todas por la senda de la virtud, yendo tu delante..."

Por testimonio de Sor Teresa de Jesús Cuesta religiosa Trinitaria, salvada por un individuo del Frente Popular, horas antes de que M. Victoria fuese asesinada podemos concluir que en la virtud M. Victoria si fue por delante, porque confió en Dios y la Divina Pastora estaba sosteniéndola.
Dice esta Hermana: "Quisieron darnos de comer, pero no aceptamos. Rezamos el Rosario juntas y pedimos a la Virgen que nos diese valor para confesar con entereza el Santo Nombre de Jesús hasta el último suspiro. Teníamos valor y esperábamos con gozo el martirio por Cristo. Fueron unas horas de oración y constante reflexión confortadora para nuestro encuentro definitivo con el Señor, ya que estábamos convencidas del fin que nos esperaba y necesitábamos estar fortalecidas para cuando llegara la hora."
M. Victoria cumplió su misión hasta el fin, y como los mártires perdonando a sus verdugos; prueba de ello es la actitud que M. Salesa Baña mantiene frente a ellos. Nos dice: "Me propusieron hacer declarar al verdugo, pero como lo iban a obligar a declarar apaleándolo lo consideré inhumano y no lo consentí". M. Salesa fue compañera de comunidad y confidente espiritual en los meses previos al martirio . Esta Madre nos dice, "se veía en ella la necesidad de desahogar la impresión que tenía en su interior. Siempre sacaba la conversación sobre su martirio, estaba segura de que la mataban".  M. Salesa entiende que M. Victoria es mártir, murió por ser religiosa y perdonando a quienes la mataban.

Uno de sus verdugos al no poder sacarle el anillo, signo de su consagración a Dios ,por tener las manos hinchadas, le corta el dedo. Terminada la guerra esta reliquia es entregada por su misma madre a la congregación.