9 de abril de 2019

MARIA, SU MADRE, JUNTO A LA CRUZ

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén


Lector 
La madre y el discípulo junto a la cruz de Jesús

(breve silencio)
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. 

TODOS:  Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 2

JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE.

Reflexión:
Nos es fácil adivinar lo que padecerían Jesús y María pensando en lo que toda buena madre y todo buen hijo sufrirían en semejantes circunstancias. Esta es sin duda una de las escenas que más nos impactan, porque aquí se añaden, al cúmulo de motivos de dolor ya presentes, la aflicción de los afectos compartidos de una madre y un hijo. María acompaña a Jesús en su sacrificio y va asumiendo su misión de corredentora.
                             (pausa)
Lector 
A continuación recitamos por filas, tal como se indica, un poema compuesto por Gerardo Diego. Es una oración a la Dolorosa. Se suceden  en ella las frases breves, firmes, con que, desde la compasión, interpela a María en amoroso acompañamiento. En el se golpean los afectos encontrados, rompe el presente de la proximidad para recuperar, los momentos históricos en que la Madre gozaba de la presencia viva del Hijo.

Fila de la ventana:
Dame tu mano, María, 
la de las tocas moradas. 
Clávame tus siete espadas 
en esta carne baldía. 
Quiero ir contigo en la impía 
tarde negra y amarilla. 
Aquí en mi torpe mejilla 
quiero ver si se retrata 
esa lividez de plata, 
esa lágrima que brilla.

Segunda fila:                  Déjame que te restañe 
ese llanto cristalino, 
y a la vera del camino 
permite que te acompañe. 
Deja que en lágrimas bañe 
la orla negra de tu manto 
a los pies del árbol santo 
donde tu fruto se mustia. 
Capitana de la angustia: 
no quiero que sufras tanto.
Tercera fila:

Qué lejos, Madre, la cuna 
y tus gozos de Belén: 
- No, mi Niño. No, no hay quien    
de mis brazos te desuna. 
Y rayos tibios de luna 
entre las pajas de miel 
le acariciaban la piel 
sin despertarle. Qué larga 
es la distancia y qué amarga 
de Jesús muerto a Emmanuel.

Cuarta fila
¿Dónde está ya el mediodía 
luminoso en que Gabriel 
desde el marco del dintel 
te saludó: -Ave, María? 
Virgen ya de la agonía, 
tu Hijo es el que cruza ahí. 
Déjame hacer junto a ti 
ese augusto itinerario. 
Para ir al monte Calvario, 
cítame en Getsemaní.
TODOS:
A ti, doncella graciosa, 
hoy maestra de dolores, 
playa de los pecadores, 
nido en que el alma reposa. 
A ti, ofrezco, pulcra rosa, 
las jornadas de esta vía. 
A ti, Madre, a quien quería 
cumplir mi humilde promesa. 
A ti, celestial princesa, 
Virgen sagrada María.
No me dejes Madre mía.
Amén