Muchas veces metidos dentro de nuestras rutinas sin pensar que nuestra vida tiene tiempo que nosotros repartimos a nuestro antojo intentando organizarnos, organizar a los demás y tantas veces los demás que organizan nuestra vida. Esto es así en la vida de todos los días pero en este Sábado Santo tenemos que dedicarle tiempo al sepulcro solamente por amor.
Es así, la Iglesia permanece junto al sepulcro meditando su pasión y muerte y aquel “descenso al lugar de los
muertos". Tu y yo nos sentimos humillados por la culpa de la cruz que cargamos en la espalda de unos solo.
Como consecuencia de continuos temporales el barco comenzaba a hundirse y el Amor como buen capitán y preocupado por lo que le rodeaba, voluntariosamente puso al grupo de sentimientos y valores a salvo, solamente el quedaría como el último en abandonar el barco. Afortunadamente logró poner a todos a salvo en barquichuelas supletorias y con salvavidas, pero el Amor corría peligro.
A su lado pasa la Riqueza en una de esas barcas y el Amor le dice: “ayúdame”, a lo que respondió la Riqueza: “no puedo porque llevo mucho oro y plata en mi barca y no hay sitio, lo siento"; el Amor recurre al Orgullo y la respuesta fue que no quedaba sitio y que tenia que cuidar la reputación. Y la Tristeza, qué decir de ella, cuando es capaz de decir que es tan triste que quería estar sola.
Que mala suerte tiene el Amor!!!!, hasta que a lo lejos se oye una voz “ Amor, ven, te llevo conmigo”. En medio del peligro, del desconcierto y a la vez lleno de gozo por haber encontrado a alguien se va con aquel viejo, si era un viejo, al que no le preguntó el nombre.

Contemplación:
Solamente os invito a estar ante el sepulcro, viviendo
Pedimos a María, nuestra Madre del cielo nos proteja en nuestro peregrinar por el tiempo. Rezamos:
A tu amparo y protección
Madre de Dios acudimos.
No desoigas nuestros ruegos
y de todos los peligros,
Virgen gloriosa y bendita,
defiende siempre a tus hijos. Amén