6 de febrero de 2019

DIOS, TU NUNCA ME ABANDONES

Empezamos el día con una historia:

Una noche tuve un sueño... Soñé que estaba caminando por la playa con Jesús y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.

Al principio, Jesús me mostró los momentos más felices de mi vida. Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras las de Jesús.

Me llené de alegría al comprobar que Jesús siempre había estado conmigo. De pronto,
pude ver las escenas más duras y dolorosas que he vivido. 

Me quedé muy sorprendido al ver que en esos momentos tan difíciles, quedaban solo un par de pisadas en la arena. 

Me quedé tan triste que, con dolor y decepción, pregunté a Jesús: "Señor, no entiendo por qué me has dejado solo en las horas que más te he necesitado”.

Jesús me respondió: “¿Por qué dices eso?”.

Yo le dije: “Señor, he comprobado que en mis momentos más amargos solo había unas pisadas y no dos como en los buenos momentos ¿Acaso nunca te han importado mis sufrimientos, mis decepciones y mis fracasos?”.

Entonces Él, clavando en mí su mirada infinita, me contestó:
"Mi querido hijo. Yo siempre he estado contigo, especialmente en los momentos más difíciles.
Cuando viste en la arena solo un par de pisadas fue porque tú estabas tan abatido por tu sufrimiento que yo te llevaba en mis brazos. Me di cuenta de que por ti mismo no podías caminar. Las huellas que viste eran las mías”.

Esta pequeña historia nos sugiere que Dios, aunque no lo sintamos, nunca nos abandona; siempre está ahí sosteniéndonos. Por eso, nunca olvides dirigirte a Él: nunca te va a fallar. Ánimo porque nunca estamos solos.
    (Reflexión)
Otro lector:
Muchas personas han tenido el mismo sueño que se nos describe en el texto que hemos leído, y no han podido más que poner todo su corazón en este Dios Amor. Hoy en nuestra oración pedimos por ellos, hombres y mujeres consagrados a Dios que este fin de semana en Ourense van a celebrar su congreso. Pedimos a Dios para que este encuentro que van a tener en nuestra ciudad de los frutos esperados, salgan de él renovados y transmitan a nuestra ciudad la alegría que sienten por pertenecer al grupo de Jesús.
Con el Padre nuestro pedimos al Señor por ellos y también por nosotros. Que nunca nos falte la alegría de pertenecer al grupo de Jesús: